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El Introspeccionismo Poético (Manifiesto)

 

Manifiesto Fundacional: El Introspeccionismo Poético


    El mundo con sus abundantes formas y diversos cantos, con sus cuantiosas noches y profundos mares y amores, es la salida equívoca e inmediata al laberinto de nosotros mismos. No hay nada más falso y pueril que la primavera, pero ¡cuánto amo yo a la primavera y sus fiestas y sus vestidos! La poesía en cambio es puro invierno y a veces otoño. Es un almacén infinito de verdades instintivas y racionales, salvajes y estéticas. La escritura del poema es el acto mayor de desciframiento, desenredar el sagrado y sangriento ovillo de nuestra interioridad. El poema es un parpadeo de flor adolescente y la poesía una visión más extensa de una vieja semilla. El poema es un fragmento artificial y la poesía es la totalidad pura. El poema es un susurro breve que quiebra la somnolencia del lenguaje ordinario, la poesía es un canto estridente y poderoso que atraviesa todas las verdades. Hablar es un acto rudimentario, escribir es un acontecimiento. La poesía es la voz escrita de aquel que se ha reconocido como huérfano.

    El poeta debe volver a cerrar los ojos. El poeta debe descubrirse antes de descubrir, debe palparse todos los rincones del subconsciente, debe beber de sus propias vertientes, debe escuchar todas sus voces, debe olfatear todos sus jardines y podredumbres. El poeta debe observarse, contemplarse a sí mismo antes de caminar y recitar por el mundo común de todos los hombres y mujeres. El poeta debe vivir cabalmente la poesía antes de atreverse a escribirla. El mayor pecado del poeta es solo describir superficialmente, listar el mundo que lo rodea, contar una historia, informar sobre el mismo amor y desamor que viven todos los amantes. El poeta debe florecer por fuera, ser rotundo como el sol de nuestros octubres, pero debe llover perpetuamente tras su frente y su pecho. No hay nada más digno y sagrado para el poeta que su primera y última patria: su infancia y su vejez. No hay nada más bello y misterioso que la vida y la muerte, no hay más bendito que la existencia y nada más maldito que la desaparición y el olvido. 

   No creemos en la poesía que está volcada al mundo externo y niega u omite el universo interno del hombre-creador. Rechazamos la poesía que solo ríe, sonríe y sana, que es un mero espectáculo elitista. No creemos en la poesía que sopla y escarba solo la superficie de la existencia humana y que no profundiza en la herida del ser. Condenamos la poesía que solo agrada y gusta al oído y que prostituye a la rima. No creemos en la poesía que se guarda en la memoria, pero que no se incrusta en el alma. No creemos en el verso que maquilla o solo embellece, sin transformar nada.

    Afirmamos a la poesía como el estado y lenguaje propio del ser humano que se ha conocido profundamente a sí mismo en la oscuridad que es previa a la luz. Aquel que conoce a la bestia, al ciudadano y al dios. Afirmamos que la poesía es mayormente profunda, tan profunda y subterránea que alcanza todos los cielos. Afirmamos que la poesía debe crear, criar y creer en la nueva palabra. Nuestra más absoluta certeza es que el poeta debe primero descender para posteriormente ascender, oscurecerse para entonces resplandecer. Que debe sangrar ayer tantas veces como pueda hoy, para mañana reinar sobre todos los tiempos. 


Boris Albert Palma Díaz
 Fundador del Introspeccionismo Poético-Longaví, Chile 2025





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LOS NÚMEROS: 1 - 10 (ASOCIASIÓN CANTIDAD CON NUMERAL/ LENGUA DE SEÑAS)

Los números desde el 1 al 10 presentados en tarjetas. Diseñado a mano con los siguientes materiales: 1/8 de pliego de cartón piedra por tarjeta, numerales impresos y plumones.     Las tarjetas plastificadas permiten realizar la asociación cantidad con numeral. En la parte posterior se presentan los numerales en lengua de señas.

CUENTO: PETRIFICADO

  L os árboles, siempre me han cautivado los árboles. Desde pequeño los admiraba en el patio trasero de la casa que hoy no existe, sus frutos y sus coloridas flores al comienzo de la primavera. Cada día apreciaba con encanto e inocencia como los pequeños frutos del durazno y el manzano se transformaban gradualmente en coloridas y frescas frutas. Fuera de casa, al lado de la vereda e intermitentemente por ambos lados del pasaje, otros árboles de espino, un tanto más señoriles y uniformados regalaban un breve espacio de sombra, troncos con pantalón blanco pintado hasta las caderas. Con el tiempo conocí otras especies de árboles, cada una más diversa y distinta a las otras. Desde grandiosos y majestuosos troncos que se elevan decenas de metros y extienden sus poderosas ramas hasta eclipsar al sol, a pequeños y aparentemente frágiles cuya particular belleza reside más bien en sus hojas. Árboles que se rebelan contra la tiranía silenciosa del pavimento y les quiebran...